jueves, 2 de junio de 2016

Nota Nocturna

Son las once y media de la noche. Acabo de tomar dos pastillas de Lorazepam para dormir. He cenado, he escuchado canciones en la oscuridad, he visto un cortometraje bastante bonito sobre dos jóvenes enamorados; hasta el momento ha sido una noche común y corriente. 
Será por eso que siento un dejo inmenso de tristeza y melancolía en el pecho. Será por eso que trato de animarme constantemente con pensamientos optimistas que resultan inútiles. 
La luz del velador ilumina el papel de mi diario y las letras que surgen de a poco, la habitación está prácticamente en penumbras. Brenda yace plácidamente en mi cama, con sus hermosos ojitos verdes entrecerrados por el sueño, y yo estoy escuchando Divenire, de Ludovico Einaudi. La escena es casi perfecta. Sé que la parsimonia flota libremente en el aire cual globo de aire mecido por el viento, pero mi infortunio es tal que no puedo percibirla, no puedo devorarla.

Estoy tranquilo, es cierto; pero no tan tranquilo como quisiera. 


Estoy nostálgico, cierto es también; pero no como me gustaría. 


Estoy triste, inmensamente triste, irreversiblemente triste cual cordero cuyos ojos vidriosos ven el brillo de la daga que le quitará la vida; pero ni de lejos puedo degustar esa tristeza única y amarga que tantas veces ha trastocado mi corazón en el pasado. 


No. No estoy satisfecho. Mi corazón no está completamente desalentado. 


¿Por qué? ¿Por qué la visión inmutable y soporífera de mi habitación en penumbras no me arranca un sollozo y un llanto ardiente como un río de lava?
¿Por qué debo ser tan insensible?

Sin la belleza que alberga la tristeza no soy más que un autómata idiota y vacío. 

Y cuánta tristeza hay esta noche...

Cuánta miseria hay en cada rincón oscuro y polvoriento, cuántas desilusiones rotas hay en todos los recuerdos que vienen a torturarme, cuánta desdicha hay en mi imaginación infantil e ilusoria, frágil como una nube de cristal en medio de una poderosa tormenta.

Esta noche los elementos están presentes; mas no puedo agruparlos. 

Esta noche la tristeza es el rompecabezas más difícil del mundo, y para armarlo, necesitaría de alguien cuya admiración por lo triste sea igual o mayor a la que poseo.
Y eso sería dolorosamente hermoso.

4 comentarios:

  1. Como te quiero, pelotudo.
    (salvo que tu escritura está mas rebuscada que antes)

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    1. Yo te también te quiero, Anónimo. Gracias por leer.

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  2. Ludovico Einaudi es un DIOS.

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