jueves, 9 de junio de 2016

El Balcón

Estoy en el balcón. 
Es un lindo balcón, al menos para mi gusto. 
Cierto es que su aspecto resulta un tanto precario, ya que el barandal que lo rodea está sin revocar y las baldosas son viejas y agrietadas. Sin embargo, se siente a gusto en el balcón.
Desde aquí puedo ver el cielo oscurecido y las pocas estrellas que lo adornan; cada una brilla con su propio fulgor, separadas por un margen de espacio considerable (todas excepto las Tres Marías: ellas brillan una al lado de otra y comparten la misma intensidad en su luz)
También se ven los tejados y las terrazas vecinas, los estáticos faroles de calle, cuyas luces iluminan de lleno las copas de los árboles, dando a sus hojas un tono singularmente cetrino.
Se siente el frío pero suave soplar del viento, y con él, una quietud plena y casi impenetrable.
Es verdad: el balcón es un lugar especial. De estar adentro, en el comedor o en la habitación principal, no estaría en el balcón, y por ende, no habría visto y escuchado todas estas maravillas ni me habría tomado el placer de plasmarlas en éstas líneas. 
Ahora se oye un auto calentar el motor, un bocinazo, un niño que ríe y corre a los brazos de su madre, que lo recibe con un “te quiero” y un beso.
Sí, el balcón es un lugar único. 

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