lunes, 5 de octubre de 2015

Una reflexión.

Es alarmante que un postulante a la presidencia de la nación, una figura que se supone, debe inspirar respeto y confianza en los ciudadanos, se ausente en el primer debate presidencial de la historia argentina. Me preocupa, y lo digo con toda la seriedad posible. Es lamentable que Scioli, siendo el títere de turno de un sector político que repite ¡democracia! a los cuatro vientos, rechace asistir a lo que es, quizá, la piedra angular de la democracia misma; el dialogo, el encuentro con el que piensa distinto, la invitación a la reflexión y la autocrítica. Scioli no solamente le dio la espalda a una obligación fundamental que todo mandatario debe cumplir, sino que perdió algo aún más valioso para su imagen: la oportunidad de afianzar su transparencia como líder, demócrata y ser humano. Tal vez tenía miedo, tal vez mamá no lo dejó salir a jugar, tal vez ausentarse es una costumbre que no puede quitarse de encima. Sucedió durante las inundaciones, ¿a alguien le sorprende que suceda de nuevo? A mí no, en lo absoluto. Sí, el debate no fue perfecto. Hasta falto garra por parte de los presentes (en mi opinión, el único que se animó a mostrar los dientes fue Del Caño, después, mucho ruido y pocas nueces) ¿Pero saben una cosa? Yo admiro los primeros pasos, y el debate fue un gran primer paso para crecer como sociedad. Scioli puede desprestigiar el debate de la forma que quiera, puede decir que el evento fue una fachada orquestada por maleantes cuyo único fin es manchar su candidatura, (una excusa que, por cierto, me parece algo coja, ya que como bien se sabe, quien nada tiene que perder nada tiene que temer...) Siempre lo dije: no importa qué tan fea sea, siempre hay que dar la cara. Hasta Macri dio la cara en el debate, y por más que me caiga peor que una patada a la entrepierna, tengo que admitir que su gesto lo hace merecedor de un poquito de mi respeto. De eso se trata la vida: de DAR LA CARA. Es una pena que en lugar de hacerle frente a tus contrincantes y al pueblo argentino, hayas optado por esconderte detrás de un atril vacío.

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