domingo, 11 de mayo de 2014

La vieja se cayó.


Fue algo asombroso...

Por un instante, el tiempo pareció congelarse mientras yo, sumido en intriga y con la boca abierta de asombro, aguardaba la culminación del hecho. Y así sucedió: la señora dio un paso adelante, y precipitándose al paso en falso que le siguió, trató de mantener el equilibrio agitando los brazos cual gaviota herida. Sin embargo, de nada le sirvió, nadie la ayudó, y la señora, de unos sesenta años, cayó sin remedio al suelo, desplomándose y proliferando gritos de intensa agonía.

Fin. 

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