jueves, 30 de enero de 2014

Fravega, donde los boludos compran.

Me compré un Smartphone, más precisamente, un Motorola RAZR D1. Es un celular corriente, de baja gama: cumple funciones básicas sin perder el encanto y la gracia de un celular de última generaciónPodés ver tus videos favoritos en Youtube o pasarte horas en Twitter como el idiota sin vida que siempre fuiste. Ideal para tipos con poca plata o más aislados que Tom Hanks en la isla. No caben dudas que es un Smartphone genial, sin embargo, el móvil principal del artículo no es vanagloriar el producto, sino defenestrar su punto de venta: un lugar custodiado por dragones y atendido por señoras de voz gruesa y nalgas cuadradas, damas y caballeros: Fravega. 

Hubo varias cosas que arruinaron mi experiencia como consumidor final, me sentí como un títere cuyas cuerdas eran jaladas a gusto y capricho por los vendedores y responsables del local, algo normal teniendo en cuenta que cumplo el papel de comprador, sin embargo, esta vez no se limitaron a hacerme bailar como idiota, me obligaron a arrastrarme y revolcarme igual que una cucaracha presa en una mortífera nube de Raid. 

La atención.

Los vendedores no corrieron a atenderme apenas pisé el interior del local, mal...muy mal. 


La espera.

Acá empezaron los problemas. Ellos tenían el producto al precio que buscaba y yo tenía el dinero, todo salía conforme al plan. Después de elegir una empresa telefónica para mi nuevo juguete (Personal, con un abono de 89$ por mes) me hicieron formar cola y abonar el producto en la caja. Recibí mi factura y la presenté en un mostrador al fondo donde la examinó una cajera de corte carré que alegremente me dijo: "los teléfonos con Personal no se pueden activar hasta después de las 6 de la tarde". El primer palo en la rueda. Mi teléfono no podía ser activado en ese momento, por lo tanto, tenía que regresar pasadas las 6 con la factura y el D.N.I en mano para que ellos pudiesen hacerlo. La cuestión no me mortificaba demasiado, lo que me inquietaba era haber pagado por un producto (bastante caro, por cierto) y tener que volver a casa con las manos vacías. 


La espera 2. 

Llegué a casa, almorcé y cuando el reloj marcó las 4 volví a salir para pagar un impuesto. El local donde fui a pagar queda a pocas cuadras de Fravega, por lo tanto, decidí dar vueltas y vueltas hasta que se hicieran las 6 y media. El sol brillaba en todo su asqueroso esplendor, para las 5:30 ya estaba peor que un pollo al horno, el sudor hacía que la ropa se me pegue a la piel, fue una tarde agobiante y agotadora, pero las horas pasaron y el momento de retirar mi teléfono finalmente llegó. 


La confrontación. 

La señora de corte carré ya no estaba, en su lugar me atendió una chica mucho más joven y bella. Le entregué mi factura, la examinó y sin perder tiempo me dijo lo siguiente: "Mirá, hubo un error, el asunto es así: el teléfono no puede tener línea por Personal, tiene que ser por Claro o Movistar"
La puta que te parió Fravega, la puta que te rre mil parió. Me hicieron volver a casa, esperar, cocinarme bajo el sol, todo para enterarme que con Claro o Movistar el teléfono pudo haber sido activado cuando lo aboné sin necesidad de esperar hasta las 6 de la tarde.  


El precio 2.

Elegí Claro, ¿Qué pasa con Claro? El teléfono cuesta 200$ más, y no sólo eso, sino que el abono asciende de 89$ a 120$ por mes. Es $imple, es Claro.  


La espera 3.

La chica me hizo firmar varios papeles al tiempo que se las arreglaba para atender a los demás clientes. En un momento me miró extrañada y me preguntó si era mayor de edad. Mi respuesta no sirvió de mucho, ella me pidió el D.N.I, el cual quitó de su envoltorio y examinó de rincón a rincón. Ahora no sólo querían tomarme por pelotudo sino también por mentiroso. Luego de esperar UNA HORA parado, cansado, empapado en sudor y terriblemente arrepentido, trajeron el celular en cuestión. Me fui del lugar y a la noche comí gato con papas al horno.

Conclusión.

Nunca compres en Fravega, hay lugares mejores para tirar tu dinero. 

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