martes, 26 de marzo de 2013

Me Robaron Un Aplauso. (Sinvergüenzas...)


El siguiente relato es 97% realidad y 3% ficción. 


El otro día mi mamá, mi hermana y por supuesto, quien escribe, tuvimos que viajar al centro de la ciudad debido a razones que no pienso exponer por motivos legales. Ninguno de los tres sabe manejar y el dinero no sobra para darnos el lujo de tomar un taxi, así que optamos por un medio de transporte bien conocido por el porteño promedio pero hasta ese entonces desconocido para nosotros: el subte. 
Algo pasó durante el viaje de vuelta, algo inesperado y un tanto sorprendente aunque al mismo tiempo predecible. Digo "predecible" porque según veo ya no se puede tomar el subte sin que una rata carroñera se cuele en tus bolsillos y devore lo que sea lleves encima. A mí no me robaron dinero...para empezar, eso era imposible. ¿Por qué? Porque no tengo un centavo partido al medio. Me robaron algo peor que un millón de dolares, algo que todo ser humano debe guardar y cuidar como si fuese un tesoro invaluable: el respeto y la admiración por el prójimo. 

Como dije antes, íbamos de regreso a casa, los vagones estaban repletos de gente tan aburrida como deprimente, se podía respirar cierta tristeza y angustia en el aire, dicho de otra forma; era un día común y corriente. De repente, el subte se detuvo, las puertas se abrieron, algunos pasajeros bajaron y otros subieron. Entre las personas que ingresaron al vagón se encontraba un hombre de unos veintitantos que no paraba de sonreír. Vestía decentemente, su peinado me recordaba a una estrella de cine de los años 90. Como sea, lo que me llamó la atención fue su expresión de inmensa satisfacción y dicha, el tipo portaba una sonrisa que podía darle celos al Guasón. Se quedó de pie frente a todos, petrificado, como un niño perdido en la playa buscando a su mamá con la mirada. Sacó un papel plastificado de su mochila, lo expuso con orgullo a la vista de todos y recitó las siguientes palabras en un tono alegre y jocoso: "Hola a todos, quería compartir algo muy especial con ustedes, no se preocupen que no quiero venderles nada, hoy, finalmente y luego de mucho esfuerzo, me recibí del secundario". Allí fue cuando cayó la ficha restante. El papel que agitaba en el aire era un diploma y su inagotable optimismo y alegría se debía, nada más ni nada menos que al sentimiento de realización y éxito que trae consigo finalizar la secundaria. Aquel tipo estaba más feliz que perro con dos colas y no se molestaba en ocultarlo. Si los teletubbies hablaran, juro por Dios que dirían las cosas que decía este sujeto. Luego de enseñarnos las fotos de su graduación y detallar lo orgullosos que se sentían sus padres y colegas, tuvo un gesto realmente noble: alentó a los presentes sin estudios a retomarlos y finalizarlos. Simplemente no pude evitarlo, la gente que me conoce a fondo sabe que soy una persona espontanea, no puedo luchar contra mis instintos más arraigados, es como pedirle a un kirchnerista que no diga estupideces. Sin pensarlo dos veces, levanté ambas manos y comencé a aplaudir. Aplaudí con ganas, le aplaudí a su esfuerzo, a su valentía pero sobretodo, a su nobleza. Por desgracia la realidad es más cruel y fría de lo que solemos imaginar...y ésta típica escena de película barata y cursi no podía ser la excepción a la regla...

A la par mía, una muchacha de pelo largo y jeans rotos comenzó a aplaudir, luego, sin previo aviso, se levantó de su asiento y dijo lo siguiente en voz alta: "Lo felicito señor, usted es todo un ejemplo, y mire que coincidencia -saca un diploma de su cartera- yo también terminé el secundario hace poco y ahora mismo estoy yendo a mi nuevo trabajo"

El tipo empieza a aplaudir como una foca histérica. La chica exhibe una sonrisa que bien podría venderle hielo a un esquimal. 

"!No lo puedo creer, qué bueno es terminar el secundario!"
"!Claro que sí, terminar el secundario te abre un mundo lleno de posibilidades!"

En ese instante mi cabeza comenzó a barajar dos posibilidades con un fin en común: explicar qué carajo pasaba. Ambas teorías eran tan encantadoras como decepcionantes.


A) Hubo una fuga masiva en algún manicomio de la capital.
B) Eran actores pagados por el gobierno. 

Me negaba a hacerlo, pero no me quedó más remedio que aceptar la segunda opción. Para rematar mis ilusiones y reafirmar mi estatus de idiota, el hombre agradeció a los presentes y recitó una sentencia final: "!Es muy fácil terminar el secundario, animate y da el primer paso, nos podés encontrar en www.facebook.com/...."

El subte se detuvo en la estación de Rocas, ambos se bajaron y se perdieron en la creciente multitud de borregos que aguardaban tomar el siguiente viaje. Juro que podía escucharlos reírse de mí...

...


!QUÉ HIJOS DE PUTA!



Todavía no puedo creer que me hayan robado un aplauso...pensé que eso era imposible. En una ciudad como Buenos Aires te pueden robar muchas cosas: dinero, un auto, tu novia, tus amigos, tu tiempo, incluso tu dignidad, pero un aplauso...una muestra de admiración y gratitud tan sincera y honesta no es cosa fácil de afanar. En especial a alguien como yo, que siempre me retan por ser antipático. Yo que ni siquiera aplaudía cuando un niño se perdía en la playa...

Ya no se puede creer en nada...y lo que es más indignante: basta con una sonrisa y un papel en la mano para hacerse con la admiración y empatía de un extraño. Lo único que puedo rescatar de esta experiencia es una triste moraleja: los mejores chantas son los que visten decentemente y hablan como Ned Flanders. A no dejarse engañar...

Estaba tan enojado, tan furioso y sacado, que apenas bajé del vagón empujé a la primera persona que se me cruzó en el camino: una anciana de unos ochenta años. La octogenaria aterrizó en las vías del subte y se desplomó sobre su vientre flácido y arrugado igual que un ciervo recién nacido. No me odien, me robaron un aplauso...y alguien tiene que pagar por eso. Lo único que podía igualar un aplauso tan intenso y cálido como el que perdí fueron los chillidos y gritos desesperados de aquella señora.


Nota: hace un año y medio que terminé el secundario...y desde entonces lo único que hizo mi vida fue caer en picada...


Repito: el relato anterior es 97% realidad y 3% ficción. Tenía 6 pesos en mis bolsillos. 

4 comentarios:

  1. aja habboiano? o mejor dicho REMORA xD

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  2. en el puto juego eras un frustrado, y en la vida real tambien, que barbaro la verdad! te estas desperdiciando, porque aunque me caias mal en el habbo, debo admitir que tenes talento para escribir, maldita REMORA ><

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    1. Hey, si tenés algún problema estoy dispuesto a escucharte. Podés agregarme como amigo en Facebook cuando quieras, estoy más que dispuesto a conversar.

      http://www.facebook.com/adrian.NUMB

      Saludos...

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    2. Hola soy yo de nuevo 7.7, mira pasa lo siguiente, aparte de lo que te dije de que me caias mal en habbo, no es por que seas frustrado o no, es mas que todo porque me borraste de tus contactos de habbo en los dias que te metias en adrian.mcr, y si lo hiciste en un juego, igual lo podes hacer en el face, asi que mejor no jeje, bueno cuidate mucho, PD aun sigo pensando que sos una REMORA :/

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