martes, 18 de septiembre de 2012

Mi Querida Vecina

Actualizado por última vez el 3 de Noviembre de 2012.



Hace varios meses que estoy lidiando con un problema de proporciones bíblicas. Cuando esto comenzó jamás pensé que algo así podía llegar a ocurrir, sin embargo, la encrucijada creció a pasos agigantados con el pasar del tiempo. Cobró la fuerza y el valor necesario para finalmente mutar en lo que hoy es un monstruo horripilante, dejandome arrinconado y obligado a tomar partido en una batalla contra la desesperación y los limites de la locura. Ahora me quedé sin energía, ya no puedo dormir, apenas puedo comer, concentrarme o estudiar...

¿El problema? No tolero a mi vecina, no puedo vivir a su lado, simple y llanamente, no la soporto. Dicho conflicto requiere una solución rápida, definitiva, y en la medida de lo posible, indolora. Así que luego de mucho deliberar y analizar la cuestión, decidí que lo mejor es matarla.

Ya saben a que me refiero...borrarla del mapa, despacharla, que duerma con los peces...(o con los gusanos, eso depende, tengo que ver qué me queda más cerca: el río o el campo) 

Es por un bien común: ella se marcha a un lugar mejor y yo puedo vivir tranquilo de una vez y para siempre, todos ganan.

¿En qué puede molestarme una anciana de noventa y dos años? Bueno, siendo honesto, no es que no la soporte, todo lo contrario; me cae bien, es muy amable y simpática. Siempre que la encuentro me saluda y me da charla, la verdad, es encantadora, se podría decir que la quiero como si fuera mi propia abuela, pero el asunto es así: Adelaida no me molesta haciendo ruido en su casa o pidiendo ayuda y cosas prestadas a cada rato, a mí me preocupa que Adeladia siga viviendo.

Mi consciencia me pone entre la espada y la pared: no puedo dormir sabiendo que la pobre anciana vive soportando el peso que le genera saber que va a morir pronto. Es demasiado, incluso para mí, yo no estoy hecho de piedra. Tengo que hacer algo al respecto, no puedo quedarme de brazos cruzados mientras la parca se demora en ir a buscarla, pueden pasar años hasta que finalmente ocurra. El calvario de esta dulce señora crece con el pasar del tiempo y es mi deber ponerle un final. Ya me conocen, así soy yo: siempre dispuesto a ayudar.

Es algo terrible realmente. Sé que la buena de Adelaida quiere que yo haga esto, pero por alguna razón no se anima a pedirmelo. Hoy, por ejemplo, salí a comprar algo y ella estaba en la vereda con su perrito en brazos, la saludé y ella me respondió con un: "Hola querido" ¿Ven lo que trato de explicar? Ella nunca me dice "querido", claramente se trata de un mensaje, una señal encubierta, !Y tiene sentido! No sólo expresa el infinito aprecio que siente hacia mi persona, lo cual es lógico, también me comunica que soy el dueño absoluto de su confianza. Conozco a Adelaida como la palma de mi mano y ella no le dice "querido" a cualquiera, solamente me lo dice a mí, a su perro y si está de buen animo también al sodero.

Ayer me tocó el timbre para pedirme azúcar, y estoy completamente seguro de que ella es diabetica, ¿Cómo se explica eso? Muy simple: la pobre no lo aguantó más y quería suicidarse. La presión fue devastadora, perdió la cordura y en un frenesí fugaz de angustia autodestructiva no se le ocurrió mejor idea que acudir a mi casa en busca de ayuda, y yo, como buen samaritano sensato y cobarde, le dije que no tenía, en su lugar le di edulcorante.

Ahora me arrepiento...

Pero hoy dije basta. Después de bañarme y de alimentar al perro, me prometí a mí mismo no posponer esto ni un día más. En un rato, cuando su hijo la traiga de cobrar la jubilación, preparo lo necesario, me cambio de ropa y cumplo su voluntad final. Adelaida se pondrá muy contenta, luego de tantos años lo menos que se merece es un descanso. Tengo que confesarlo, existen momentos en los que me conmuevo, se me humedecen los ojos al imaginar la expresión de sorpresa y encanto que pondrá cuando caiga la noche y me descubra infraganti en el fondo de su jardín agitando el cuchillo que no sólo abrirá su garganta, sino también una puerta celestial hacia la felicidad, el descanso y la dicha eterna. 

Como no me gusta dejar nada en manos del azar ya lo tengo todo planeado: Cuando se disponga a mirar la televisión entro por el jardín y me dirijo al living, donde normalmente pasa la mayor parte de sus días mirando telenovelas baratas y escuchando programas oficialistas por la radio. Todavía no estoy seguro de cómo lo voy a hacer, quiero encomendarle esa tarea a mi imaginación, me gusta ser espontaneo. Puede ser con el cuchillo, también evalué la posibilidad de partirle una de sus macetas con jazmines por la cabeza. Adelaida adora esas plantas, dice que son sus "hijitas", ese factor le agrega un toque dramático a la escena, pensalo por un momento: tus propias hijas te terminan matando, sublime.

Sea cual sea el método, una cosa es segura: cumpliré con mi deber como ciudadano y como ser humano. Adelaida puede estar tranquila, su infierno terminará muy pronto.


Eso sí: lo primero que debo hacer apenas entro en su casa es matar al perrito salchicha que tiene como mascota, lo hago por precaución, no por sádico. 

Una vez vi un programa llamado "Testigo Animal" por Animal Planet y desde entonces tengo muy en cuenta ciertos factores. ¿Sabías que un animal puede servir como testigo clave para los investigadores? No, no estoy bromeando, al principio pensé que se trataba de una broma, pero por más delirante y absurda que parezca la idea, estamos hablando de un hecho verídico: los animales domésticos son perfectamente capaces de esclarecer un delito. Lo juro, lo vi todo en ese documental. Incluso se dieron casos en los cuales la policía atrapó al culpable gracias a las mascotas del muerto...no, ni hablar, el perro se muere, no hay discusión.

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