martes, 28 de agosto de 2012

Cosas Que Pasan




Las cosas pasan, nadie puede evitarlo, ayer, exactamente a las 2:25 de la tarde, ocurrían cosas como las detalladas a continuación: 

Me vi obligado a tomar un taxi para ir a la universidad, resulta que estaba lloviendo con todo y más, así que mi mamá, fiel a su estilo protector y amoroso tuvo la decencia de pedirme un remís. Te quiero mami, pero no importa lo amable que seas conmigo, yo sé porque lo haces y desafortunadamente no hay trato, cuando estés vieja te meto en un geriátrico. 


Durante el viaje todo marchó sobre ruedas (jaja) intercambié algunas pocas palabras con el conductor y cuando me aburrí miré por la ventanilla las calles grises y desoladas del barrio, observé como los pobres e infelices siervos del sistema tenían que empaparse hasta el cuello mientras esperaban al colectivo, me reí de ellos, me cagué de risa, por poco bajo la ventanilla y les grito un: !Putos! bien fuerte. 

Lo desagradable tuvo lugar cuando llegamos a la universidad. La cosa es que el remisero estacionó arriba de la vereda, justo en la entrada, donde la gente transita como si fueran hormigas. Luego de pagar el viaje agarré mi mochila y al abrir la puerta del auto: !Bam! le doy un portazo en el estomago a un pelotudo. Ese día abrí la puerta del auto empleando una rapidez sobre-humana, porque claro, estaba lloviendo a cantaros, si me tardaba en salir el interior del auto se llenaba de agua y el remisero de bronca. El infeliz que se comió el portazo no me dijo nada, desconozco la razón, quizás se rehusó a putearme porque mis 1,90 metros de altura lo intimidaron o porque apenas podía respirar. Sea cual fuese el motivo lo mandé a la mierda, le dije que se fijara la próxima vez, uno no puede andar por ahí como si el mundo le perteneciera, hay reglas que cumplir, hay que estar atentos cuando un auto estaciona en la vereda, es algo básico y simple. 
La próxima vez que vaya a la universidad en remis voy a esperar hasta que pase alguien para repetir la experiencia, aunque no lo crean se sintió bien, durante cinco minutos me sentí como un multi-millonario malcriado saliendo triunfante de su limusina, el come-puertas vendría a cumplir un papel de mendigo fracasado que pide monedas para financiar su adicción al paco. Dios que bien me sentí, lo tienen que probar, háganlo, en serio, lo recomiendo. 

En el lapso de la última hora de clases ocurrió algo que me puso de muy mal humor: entró un chico de gorrita al aula pidiendo plata para los chicos con síndrome de down. 

No me molestan las criaturas con discapacidades mentales, lo que me tiene las bolas por el piso es que cada vez que voy a la universidad aparece un chupa-sangre a pedirme plata. 
"Los chicos con síndrome de down", "Para el hospital Garrahan", "Para el comedor infantil" 
Quiero aclarar que no estoy jodiendo, ya van a ser seis las veces que me pidieron plata, en el aula, en los pasillos, incluso en la parada del colectivo, donde además resulta que el pelotudo encargado de sacarte billetes no se llena con los pesos que le das, ¿Entonces qué hace? Pone su mejor cara de chanta y te exige con esa voz de compadrito virgen-frustrado: "Unos pesitos más para los pibes". Y yo no estoy forrado en plata, me cuesta un Perú por mi orgullo chuparle las medias a mis viejos para conseguir el capital tan preciado, que por cierto suele escasear, pónganse en el lugar del otro. Sé con toda certeza que la mitad de las veces en las cuales doné dinero, este terminó en cualquier lado menos en un hospital o en un comedor... 
Cuando alguien te pida plata para los chicos pobres dale una moneda y decile de mí parte que se pague un viaje de ida a la concha de su vieja, si a esa persona le preocupa tanto los pibes con hambre que se corte un brazo, lo cocine al horno y se los sirva en bandeja. 

Casi me olvidaba: ¿Nunca les pasó, que en el salón de clases hay siempre un lame-culos que responde TODAS las preguntas que hace el/la profesor/ra? En mi curso el responsable de dejarle las nalgas brillantes como cascada a la profe es un tarado que se sienta al frente, siempre, y repito: SIEMPRE tiene una respuesta para la pregunta que hace la profe. 

No hay clase donde no lo escuches hablar, es ese tipo/a molesto/a que nadie quiere ni banca. El chabon es un lame-culos tan profesional y apasionado, que si la profe se sube al escritorio, se abre de piernas y se tira un pedo, a él le basta con olerlo para decirle que fue lo que desayunó. 

Otra cosa que me molesta es que todos fumen en los recreos, tranquilamente el 70% de los estudiantes en la universidad son fumadores, son tan adictos los hijos de puta, que apenas entras al edificio los podes ver con un pucho entre los dedos, igual pasa en el recreo y cuando es la hora de irse a casa. Ojalá les de cáncer a todos, por boludos, me tengo que bancar el humo cancerígeno que produce el vicio de los demás, !Qué mundo! 


La frutilla del postre: En el colectivo, durante el viaje de regreso a casa me encontré con dos tórtolos que no paraban de apretar, estaban sentados a varios asientos de distancia, pero aun así y a pesar de la multitud creciente podía verlos con una claridad sobrehumana. 

Se besan, luego se miran, la pendeja se ríe, el pibe demuestra su dominio sobre la hembra agarrándola por el cuello y volviéndola a besar... 
Y así siguieron durante TODO el trayecto; intercambiando litros y litros de saliva espesa e insípida acompañada por una cantidad industrial de gérmenes al por mayor. No es por ser un amargado de mierda, o por odiar al amor y todo lo que se le relacione, pero si tenía un cuchillo en mis manos juro que a esos dos los dejaba peor que al Ecce Homo de la iglesia de Borja. 

Forros. Tendría que existir una ley que prohibiera y castigara debidamente a las parejas que se comportan como perros alzados en lugares públicos. Si fuera por mí, creo que con diez latigazos en las tetas para las mujeres y 20 alfileres de cocer clavados en los testículos para los varones es suficiente, pero el castigo debe ser aplicado en publico, durante una ceremonia donde hay bailes, comida y sorteos, para que no parezca tan fea la cosa. 

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