sábado, 9 de junio de 2012

Diversión

Diversión 

    Por Adrian Nicolás Raimondi.
Todos los derechos son reservados, los zurdos son atrevidos.

NOTA IMPORTE: El siguiente relato fue escrito como una BROMA y así debe tomarse.
No apruebo ni avalo bajo ningún punto de vista las actividades o conductas detalladas a continuación.


¿Aburrido?, ¿Molesto?, ¿No te soporta ni tu propia sombra?, ¿Harto de mirar al techo?, ¿Tus nalgas se entumecen por pasar tanto tiempo sentado?

¡No empieces a echar espuma por la boca como un perro rabioso!

He aquí la solución: te traigo una generosa lista de actividades para matar, desmembrar, violar y sepultar para siempre los días de aburrimiento que tanto te agobian. Eso sí: seguí al pie de la letra las instrucciones y que ni se te ocurra mencionar mi nombre si terminas confinado en la celda de una mugrosa comisaria con tres presos acariciándote las nalgas.


Empujar una anciana a las vías del tren: No te alarmes, no vamos a matar a nadie. Es vital que ante todo el tren se haya marchado o aun le falte mucho para arribar. Primero tenes que elegir sabiamente a tu objetivo; yo recomiendo una viejita esquelética y pequeña, de esas que parecen que van a caerse con el primer soplo de viento. Si lleva bastón mejor, si esta ciega excelente, así es más fácil que pierda el equilibrio. No te vayas a meter con una de esas viejas gordas y fornidas que parecen osos polares molestos por no invernar; corres el peligro de morir aplastado.

Cuando finalmente hayas elegido a tu victima espera a que se levante y apenas se aproxime al borde del andén empújala con todas tus fuerzas. Si no quiere separar sus arrugadas nalgas del frio asiento de plástico de la estación agárrala por los brazos, llévala por la fuerza hasta el borde y después tírala de una patada ninja.

Si tenes éxito la anciana va a terminar postrada sobre las vías del tren, desorientada y adolorida al principio y despavorida en última instancia. Te juro que su cara de horror y sus gritos de espanto y socorro valdrán todo el esfuerzo. No hay nada más hilarante que una anciana gritando por su vida.

No te preocupes por nada; es una vieja, todo el mundo se va a acercar para ayudarla. Preocúpate por salir corriendo a toda prisa y no te detengas por nada del mundo. Si en el peor de los casos escuchas el ruido del tren, el chillido de la pobre anciana y el ajetreo de la multitud enloquecida prepárate para que tu hazaña salga en las noticias. 


Asustar peatones con el auto: Personalmente mi método de diversión gratuito predilecto. Mientras estas conduciendo subite un poco a la vereda, inclina la cabeza hacia atrás, pone tu mejor cara de rey a punto de tener un orgasmo y a bocinazos aparta todo ser vivo que tus ojos vean. CUIDADO: tenes que subirte solo un poco a la vereda, la otra mitad del auto debe estar en la calle, si te subís por completo la gente no va a tener espacio para escapar y a los bomberos no les va a alcanzar la vida para despegar sus cuerpos de tu parachoques.

Hay que tener especial cuidado con este detalle, ya que es el principal problema que afrontan los principiantes al iniciarse en esta materia.


Cambiar bebes: Compra un traje de enfermero, úsalo y ve a un hospital público. Una vez allí dirígete a la sala de maternidad y cuando nadie te este mirando cambia a los bebes recién nacidos de cuna, si llevan etiquetas con sus nombres cámbialas también. La broma llega a su clímax cuando cambias a un bebe de tez blanca por uno de tez más oscura, o por uno asiático, podes crear un sinfín de combinaciones diferentes.
Imagínate la cara del padre que espera ansioso ver a su hijo por primera vez; el típico bebote sudamericano, blanco y de ojos redondos, pero cuando la enfermera se lo trae para conocerlo se encuentra con un Jackie Chan bebe babeándose todo. 

Pintar taxis: Con una lata de pintura a spray en tu poder pinta el parabrisas de cualquier taxi estacionado. También podes pintarle las puertas, el capó, el baúl, el techo y las ruedas.
Si estas inspirado y sos de esos hijos de puta osados escribí frases groseras y bien morbosas, algo como “pene de burro con gonorrea” o “vagina llena de pus y sangre”.
Asegúrate de comprar pintura durable y difícil de borrar. Si te sobra tiempo podes rayar el parachoques con una llave, mearle las puertas, destrozar las ventanas con un palo o rociarlo con gasolina, prenderle fuego y ver como explota, ¡tu imaginación es el límite!


Exhibicionismo: En la calle espera a que pase una anciana y saca tus partes privadas por el cierre del pantalón. Antes de que la señora pueda pedir socorro a gritos, hace molinete con tu miembro viril y move las caderas con ritmo igual que si estuvieras bailando salsa. Si corre, seguila. Si se queda dura y cae al suelo de un infarto, ya sabes que hacer…viola su cadáver (¡solo bromeaba!…corre y no mires atrás)

Disparar al aire: Compra un arma de fuego (yo recomiendo una escopeta de doble cañón si es posible, pero cualquier revolver sirve) y balas, muchas balas. Ahora toca elegir un lugar. Puede ser un centro comercial, una plaza o cualquier avenida de la cuidad, lo importante es que haya mucha gente presente. Una vez en el sitio, saca el arma (cargada, por supuesto) apunta al cielo y efectúa tantos disparos como te sean posibles. Eso es todo, ahora diviértete mirando a la gente corriendo como loca y gritando por ayuda. 
Si te animas podes disparar a los autos y a las vidrieras de los locales, eso puede causar algunos heridos, bueno, cosas que pasan.


Jugar al suicida: Subite al borde de un puente o de la terraza de un edificio y empeza a llorar y a gritar como un infeliz (tu actuación tiene que ser buena) luego de diez minutos vas a tener al primer llorón que se creyó tu papel. Cuando lleguen los policías para disuadirte, los bomberos te esperen abajo con la lona lista y las cámaras de los medios te graben arranca con las demandas. Exigí que la presidenta se aparezca en persona con un choripan en la mano lo antes posible, o que traigan a un indio, un obrero, un militar, un motociclista y un vaquero para que bailen con un bombero y un policía una canción de los Village People.

Cagar en público: Busca el árbol más alto de la manzana donde vivís, bájate los pantalones y los lienzos (por completo, hasta los tobillos) agáchate y marca territorio como si fueras un caballo. Relajate, cerra lo ojos y respira profundamente, como si estuvieras en una sesión de yoga, ahora deja que tus intestinos se ocupen del resto. Cuando la gente te mire indignada y con sus caras de culo estreñido te griten cosas como “degenerado” o “hijo de puta” no les hagas caso, vos seguí con lo tuyo. Si alguien comete la afrenta de intentar detenerte junta un buen puñado de heces y tíraselo en la cara como hacen los gorilas del zoológico.

Confesarte: Dirígete a la iglesia más cercana a tu casa, una vez allí entra a confesarte. Ahora es cuando la diversión comienza: decile al cura toda clase de ocurrencias y locuras pero no te olvides de sonar muy convincente y perturbado, si lloras y se te caen los mocos, mejor. 
Podes confesarle que te sentís muy culpable y angustiado porque mataste a toda tu familia, te los comiste con papas al horno (estaban deliciosos) y las sobras descansan en una bolsa de plástico que guardas y cuidas con recelo adentro del freezer, al lado de una foto de Barbra Streisand.

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