lunes, 27 de febrero de 2012

Nauseas



Hola, hoy me gustaría contarte algo que guardo conmigo desde hace mucho tiempo, creo que ya es hora de que alguien más sepa esta historia, hay ciertas cosas que un solo ser humano no debería cargar en su memoria...y esta, compañero de pesadillas, es una de esas "cosas".


Tengo que quitarme este peso de encima, es demasiado para mi débil y frágil cuerpo, tengo que deshacerme de él o compartirlo con alguien más, pensé que seria lo suficientemente fuerte como para aguantarlo yo solo pero honestamente ya no puedo seguir más, lamentablemente soy solo un ser de carne y hueso, como tú y como todos.


Quiero contarte acerca de un chico, un chico que conocí de mis días en el instituto, me creas  o no antes yo era un joven que asistía a clases y llevaba consigo apuntes y libros de diferentes materias. Como seguro ya te habrás imaginando yo no tenía ni un solo amigo, nadie en absoluto, ni siquiera los mosquitos me perseguían en verano, todos los días me sentaba al fondo, sin ningún compañero, en un banco pegado a un rincón sucio y olvidado, y allí me quedaba, como una estatua sin emitir ni la más mínima señal de vida, apartado del resto de los alumnos de la clase que se comportaban exactamente  acorde a su edad: como completos idiotas.



En esa jungla donde reinaba la estupidez me sentía como un naufrago desesperado por encontrar y trepar el árbol mas alto de todos, para luego posarme cómodamente en su copa y allí entregarme a un descanso infinito. Así podría observarlo todo desde mi privilegiada posición, en paz y totalmente a salvo de los peligros que albergaba la superficie.



Pero en ese peligroso y extraño lugar yo no era el único preocupado por encontrar un refugio, en el aula había otro chico  que estaba igual o incluso aun más alejado del resto de la clase, del instituto entero y quizás también, de su propia familia.


Y de este chico en particular se trata esta historia que te voy a contar, su nombre era Brian, nunca jamás me voy a olvidar ese nombre durante el resto de mi patética existencia, te lo juro.




Nauseas





Era un chico de contextura pequeña, bastante bajo, cabello rubio, ojos marrones, cara llenas de pecas, cualquiera que lo miraba pensaba que era un chico normal y bastante feliz…oh, las apariencias…
Brian era alguien tan solitario como yo, si tus padres te regalaron la desgracia o la dicha (depende de cómo lo veas) de asistir a un instituto durante tus años mas jóvenes de vida sabrás de sobra que en un lugar así no tener amigos es ganarse una sentencia a muerte.


La mayor parte del tiempo los compañeros de la clase se divertían molestándolo, recibía un trato mucho peor que el mío, porque si bien a mi me molestaban empujándome débilmente solo para fastidiarme, a él lo derribaban salvajemente y una vez en el suelo le llenaban la panza de moretones violetas con patadas tan rápidas y precisas como rayos que caen del cielo.


Brian estaba acostumbrado a la humillación y al dolor que se ganaba todos los días, los chicos mas grandes lo molestaban desde hacía ya varios años, era como una tradición, Brian era el chico callado, solitario, educado y bueno de la clase, cualidades (o defectos) que lo transformaban en una presa fácil e ideal para deleitar a los paladares de los leones y otras fieras salvajes que merodeaban a su alrededor.


"Vamos todos a golpear a Brian" podría haber sido, tranquilamente, el lema de la clase si esta hubiera sido un país, el noventa por ciento de la clase le dedicaba unos minutos a Brian para burlarse de él siempre que había ocasión, y no exagero, todos en la clase alguna vez habían insultado a Brian con las palabras más filosas e hirientes posibles.
Las burlas y los insultos solo rompen la autoestima de una persona, la cascara del huevo, el trabajo sucio era terminado por un grupo de cinco o seis chicos (no me acuerdo bien) siempre más grandes que él, lo golpeaban y lo maltrataban hasta el límite de lo tolerable, y hablo muy en serio, no había un día en el que Brian pudiera respirar tranquilo. Sin saberlo, el era como una droga para sus victimarios, lo necesitaban, estaban tan inseguros acerca de cuanta mierda les corría por las venas que sentían la urgencia de meterse con un ser físicamente inferior para sentirse superiores y geniales, así es el ser humano.


Un día cuando Brian sintió las inevitables ganas de ir al baño sus verdugos lo siguieron y lo tomaron por sorpresa, dos chicos sostuvieron firmemente sus brazos mientras un tercero lo tomo con una mano por el cabello y con la otra por el cuello y lo obligo a meter su cara adentro de la taza de un maloliente y repulsivo inodoro.
Probablemente te suene a cliché pero eso fue lo que realmente le hicieron al pobre chico aquel día, lo forzaron a mantener su cara sumergida bajo el agua por tanto tiempo que casi lo ahogan, trago mucha agua durante un ataque de desesperación por respirar. Brian solo podía escuchar las risitas idiotas distorsionadas de sus compañeros mientras él se ahogaba y pateaba inútilmente para que lo soltaran.


Pero eso no fue todo, falta la frutilla del postre: los malnacidos grabaron todo el calvario con un celular y lo subieron a una página web, el link del video viajo por el ciberespacio tan rápido como el viento de un huracán. En tres días no solo la escuela entera, casi todo el país estaba mirando al pequeño Brian siendo forzado por tres chicos a sumergir su cabeza en las nauseabundas y turbias aguas de un repugnante inodoro. Ni lentos ni perezosos los noticieros locales hicieron eco del hecho y los culpables fueron expulsados, el tiempo paso, el vergonzoso incidente perdió peso y presencia y Brian se gano una merecida temporada para descansar, sin embargo, todas las cosas buenas llegan a su fin. Luego de un largo tiempo las palabras hirientes reaparecieron de la nada como fantasmas a acecharlo y más adelante lo hicieron también las clásicas palizas, solo que esta vez por parte de otros chicos, unos más grandes y mucho más imbéciles que los anteriores.

Finalmente un día, el primer día del verano de ese año, Brian se encontraba solo en el salón de clases, había llegado temprano al instituto, su madre lo llevo en auto y lo dejo en la entrada, como siempre, se despidió de ella y entro al edificio como cualquier día normal de clases. Recorrió los pasillos, subió las escaleras y entro al salón, se sentó en su escritorio de siempre y allí se quedo inmóvil esperando. La mayoría de los alumnos estaban en el patio principal o en la cafetería, conversando o terminando tarea pendiente, también había alumnos y profesores en los pasillos, todos ocupados en sus vidas cotidianas y aburridas. En el salón de clases Brian permanecía solo en el silencio más puro, después de un rato meditando sobre cosas que nunca nadie sabrá, abrió su mochila y saco un brillante revólver 357 Mágnum, si estas familiarizado con las armas de fuego tendrás conocimiento acerca del grado de destrucción que puede provocar ese artefacto...


El revólver estaba cargado, Brian lo tomo por la empuñadura y se lo llevo a la sien, lo siguiente fue un disparo ensordecedor que sonó en cada rincón olvidado del instituto. Los profesores y los alumnos que escucharon el aterrador disparo reaccionaron al instante, pero todos de una manera distinta. La mayoría de ellos entraron en pánico y comenzaron a correr buscando la puerta grande con la luz verde como los cobardes que eran, otros llamaron a la policía de inmediato sin perder tiempo, los que no habían escuchado nada al enterarse se unían al rebaño y se largaban del lugar como diablo con alma en mano. Los estudiantes y los directivos del instituto no eran ajenos a los disparos y a los conflictos armados, en los últimos cinco años tres enfrentamientos con armas blancas y de fuego se habían librado en los interiores del edificio.

En medio del desorden y los empujones característicos de una situación así, la profesora Fernandez recordó una conversación que mantuvo con Brian minutos antes en la cual  él le había dicho que iba a estar en el aula de arriba, una de las reglas era que ningún estudiante podía estar en las aulas de la planta alta antes de que sonara la campana, sin embargo, Brian tenía el permiso de la profesora Fernandez para subir y refugiarse allí de cualquier inadaptado que podía vagar libremente por la planta baja y quisiera descargar sus traumas de la niñez con él.
Inmediatamente buscó a otros profesores y se los comentó, nadie había visto a Brian bajar y huir, así que los profesores subieron juntos las escaleras y se dirigieron al salón para buscarlo.

El desastre te congelaba la sangre hasta en las venas más estrechas, encontraron el cuerpo sin vida de Brian tendido en el suelo sobre un inmenso charco de un color rojo intenso, su uniforme escolar, sus apuntes, libros y su mochila estaban salpicados con su sangre.
La única palabra que tengo para describir esta escena es horrible, según me contaron, el revólver que yacía junto a su cadáver le había volado los sesos por completo... tómate un momento para imaginarlo, por completo...eso incluye piel, carne, cráneo y cerebro...todo en ese orden. Había sangre cayendo por la pared como si fueran lágrimas y pequeños fragmentos de su cráneo y cerebro dispersados por todo el suelo.
El revólver que usó Brian para suicidarse era de su padre, un hombre aficionado a las armas y la cacería de toda la vida, él le había enseñado a Brian como usar rifles y cazar venados.

Hasta el día de hoy no estoy seguro de porque Brian eligió el salón del instituto como el lugar para suicidarse, si me preguntas, creo que quería enviarles un mensaje a todos, quería que supieran que ese mismo día el pudo llenar de plomo los inservibles cuerpos de sus agresores, que ellos habían creado un monstruo desde el principio pero eran demasiado idiotas como para darse cuenta. Quería que supieran que en los casos más extremos incluso un diminuto ratón puede clavarte sus dientes en la yema de tu dedo con una fuerza demencial.
Pero decidió matarse el antes de matar a alguien más, yo sé muy bien que quería masacrarlos a todos, y que también se sentía profundamente triste por ese deseo, así son las buenas personas.


Brian volvió a ser noticia en los medios, gracias a la tele, pude ser testigo de cómo retiraban su cuerpo en una bolsa de plástico fuera del instituto para llevárselo.
Ver a sus padres llorando me dio asco, no podía creer como era posible que se preguntaran que hicieron mal cuando claramente el chico no recibió la ayuda que necesitaba, se supone que para eso están los padres, pensaba que era un requisito obligatorio que todo padre supiera cómo solucionar  los problemas de sus hijos pero después de todo ya no puedo creer mas en algo así.

Ahora entiendo porque lo hizo y lo valiente que fue al apretar el gatillo. A veces busco en mi memoria y encuentro algunas conversaciones que tuve con él cuando aún estaba vivo, recordar su voz, sus ojos marrones, su cara llena de pecas y saber, que ahora es solamente un cuerpo en proceso de descomposición sepultado bajo dos metros de tierra me llena de nauseas.

Es tan trágico cuando la vida de una persona llega a su fin prematuramente, lo único que queda por pensar es que la muerte es el ser menos prejuicioso del mundo, se lleva a todos por igual.

Seguro que no podes sacarte de la cabeza la imagen de Brian tirado en el suelo con la cabeza perforada y su cabello pegajoso lleno de sangre, no te preocupes, yo no pude dejar de imaginármelo en esas condiciones por un par de meses, a veces cuando me siento profundamente triste y vació, no puedo evitar pensar cómo es que se debe haber sentido durante sus últimos instantes con vida  para haber tomado tan drástica decisión. No importa lo triste y miserable que me sienta, por más que lo busque sé muy bien que nunca encontrare el coraje que necesito para suicidarme. Creo que Brian es el chico más valiente que conocí en mi vida.





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