sábado, 25 de febrero de 2012

Con Una Sonrisa En Su Rostro (Parte 1)

Hola, ¿como estas?, ¿bien?, espera, ¿sabes qué?, no me contestes mejor, ya no quiero saber, espero que estés tan mal como yo, sufriendo de la amarga agonía que es tener que vivir una vida aburrida, rutinaria, sin sentido y solitaria.
Ahora mismo estoy sentado en una habitación a oscuras con mi amada computadora, déjame decirte que  aquí hace mas frió que en el polo norte, en serio, me estoy congelando, puedo ver mi propio vapor salir de mi boca como si fuera humo, jeje, como si fuera un dragón que se está enojando.
Aquí, en silencio y completamente a oscuras escribo como puedo la introducción a esta nueva entrada, cielos, la luz brillante de la pantalla me marea, las letras que aparecen de la nada frente a mis ojos mientras escribo se vuelven confusas, como distorsionadas, incluso me atrevo a decirte, sin miedo a que pienses que estoy totalmente loco, que por unos breves segundos las letras parecen bailar todas juntas al mismo tiempo sin parar, ojala pudieras verlo porque es algo tan irreal que se vuelve curiosamente fascinante.
Por momentos me da la impresión de que la pantalla es como una ventana a otra realidad, creo que hasta podría huir a otro universo si salto dentro, pero sé muy bien que eso no es posible, todo es obra de mi maldita mente que está tratando de desilusionarme otra vez en lo que queda del día. 
Aquí les traigo la primera parte de un cuento corto que empecé a escribir hace ya unos meses y que todavía no tiene final, soy bastante vago para escribir si les tengo que decir la verdad, es que siempre encuentro errores de redacción, no importa lo que haga, no importa las veces que corrija las palabras y las oraciones, siempre encuentro mas y mas de los mismos errores...estoy empezando a creer que soy tan malo para escribir como para hacer amigos.






CON UNA SONRISA EN SU ROSTRO


Con una sonrisa malvada que parecía pintada en su rostro, Clay tomo su vieja pala con sus huesudas y agrietadas manos y comenzó a cavar un pozo en la tierra húmeda. La lluvia feroz caía del cielo mojando todo a su paso,  las incontables hojas marrones y las ramas de los arboles, la inacabable tierra y el pasto que cubrían el extenso terreno, los arbustos tupidos y a los dos hombres que habían penetrado en el corazón del bosque aquella fría noche.
Mientras Clay se dedicaba a cavar, su compañero yacía boca arriba tirado sobre la tierra, sin quejas recibía en su cara las frías gotas que caían del cielo, lo habían atado de pies a cabeza con una cuerda extremadamente gruesa, permanecía completamente inmóvil con los ojos cerrados como si fuera un cadáver disfrutando de su descanso final.
Solo pasaron unos minutos y Ray finalmente abrió lentamente sus ojos, mientras se incorporaba y recobraba lentamente la consciencia lo primero que noto fueron los apretados nudos en sus muñecas y tobillos y que casi podía moverse, asustado y sin perder tiempo, dio un giro rápido sobre su cuerpo para darle la espalda a la lluvia y no tardo en reconocer al hombre que permanecía de pie con una pala en las manos,  una persona que para él había salido del mismo infierno, con ambos ojos clavados en él, le regalo una mirada llena de un profundo odio y desprecio.
Clay escucho a Ray moverse y velozmente se dio media vuelta para comprobar que siguiera atado, como esperaba y conforme al plan, no había nada de qué preocuparse, simplemente se había despertado, era mejor no alarmarse demasiado y terminar el resto del trabajo lo antes posible.
-así que ya  despertaste, que lastima,  te veías tan tranquilo durmiendo como un bebe –le dijo Clay con la mayor tranquilidad posible.
Ray se tomo unos segundos para calmar un poco la marea de preocupación en su cabeza, una vez con sus pensamientos en orden empezó a mover rápidamente los brazos y las piernas al mismo tiempo, tomándose breves intervalos de vez en cuando para descansar y recuperar la movilidad de sus adoloridas extremidades.
Sin embargo, no importaba cuánto luchara, cuantas veces intentara ponerse de pie o cuán rápido moviera sus muñecas y tobillos, solo conseguía  un movimiento torpe e inútil, no lograba liberar a sus manos y a sus pies de la soga que lo aprisionaba y que consecuentemente,  como no podía dejar de imaginarse, lo llevaría a una muerte lenta y espantosa.
La flamante sonrisa seguía presente en el rostro arrugado, mojado y sucio de Clay, apretaba sus amarillos dientes y sin desperdiciar tiempo clavaba la pala en la tierra con una furia asesina y la levantaba apilando cada vez más tierra a sus espaldas. El viento soplaba sin cesar robándose las hojas y las ramas más pequeñas de los arboles, las nubes parecían cada vez más convencidas a inundar cada rincón  del bosque, sin embargo, un pésimo clima no sería suficiente para detenerlo a él y a su sed de victoria.
Ray se inclino hacia su izquierda pero al notar que no podía soportar el dolor rápidamente volvió a la incómoda posición inicial en la que se encontraba, cualquier intento por zafarse de esos nudos era estéril, estaban tan apretados a su piel que casi parecían cocidos con hilo a la carne de sus muñecas y tobillos.
Clay dejo de cavar para tomar un poco de aire fresco, sus pulmones ya no eran los mismos luego de tanto tiempo, sus brazos marchitos llevaban consigo el peso de los años y sus piernas ya no respondían como solían hacerlo, su cuerpo lloraba por la agonía y pedía misericordia a gritos, pero Clay era alguien muy necio, no le gustaba escuchar a nadie, ni siquiera a su propio cuerpo.
Mientras de a poco recuperaba el aliento y las frenéticas palpitaciones en su pecho se normalizaban, le regalo una mirada rápida a Ray mientras este se retorcía desesperadamente tratando de quitarse la soga, se rio con ganas y le dijo en un tono burlón:
-¿vas a seguir intentándolo Ray?, ¿no estás cansado, idiota?
Ray se detuvo por un instante, apoyo su frente contra la viscosa tierra y se lleno los pulmones tomando grandes bocanadas de aire fresco, sus manos ardían por el dolor y tenía el presentimiento de que su corazón estaba a punto de renunciar en cualquier momento, cansado de tanto latir salvajemente sin descanso.
- eres todo un infeliz, ¿lo sabías?, apuesto a que tus padres te lo recordaban todo el tiempo –le respondió con desprecio.
Clay se rio con más ganas y se acaricio los pocos mechones de pelo húmedo que le colgaban en su ovalada cabeza.
–¿te aprietan los nudos?, ¿te gustaría que los aflojara un poco? –pregunto mientras reía.
–eso sería encantador viniendo de un desperdicio de semen como tu –contesto Ray furioso.
Clay continuo riéndose hasta que una fuerte toz lo privo de su burla.
–disfruta de tus últimos momentos amigo, en pocos días una familia de gusanos habitara tu cerebro, si yo fuera tu rezaría para que un infarto me deje helado ahora mismo –le dijo y se dispuso a volver a cavar aquel pozo.
Ray comenzó a balancearse desesperadamente de un lado a otro, se sentía completamente petrificado, como una ballena en un desierto, la sangre de sus muñecas empezaba a correr con menos rapidez y eso anestesiaba sus manos, su respiración agitada y frenética se llevaba hasta la última gota de fuerza en su exhausto cuerpo, cada segundo que empleaba en luchar por escapar simplemente lo dejaba con menos energía.
Trato de huir arrastrándose como un gusano, pero no llego muy lejos, se encontraba casi inmóvil y el dolor solo empeoraba las cosas, lo único que conseguía  era un movimiento  que en nada lo beneficiaba, algo parecido a una convulsión que no encontraba final.
De a poco, Clay seguía dándole  vida a un pozo cada vez más y más grande y profundo, la lluvia humedecía la tierra facilitándole el arduo trabajo de removerla, todo parecía estar en contra del pobre de Ray, casi se podía escuchar en el soplar del viento una burla cruel firmada por el destino.








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